domingo, 27 de diciembre de 2020

COMPETENCIA VS. REALIDAD. 🥊

 

Siempre ha existido cierta confusión entre estos términos, desde que nos iniciamos en la práctica de cualquier Arte Marcial, podemos tomarlo como un deporte, un sistema de defensa personal, un medio para mejorar nuestra salud, una actividad recreativa, etc. 

Las necesidades de cada uno dependen de varios factores, desde la edad, las características físicas, condición social hasta el tiempo que podemos dedicar al entrenamiento.

Pero dependiendo del Arte Marcial y el instructor podemos tener un entrenamiento más enfocado a la competencia o a su aplicación marcial. Existen diversos Estilos en todo el mundo que no tienen una faceta deportiva, son Artes que se originaron para la autodefensa y así permanecen.

Por otro lado existen diversas Artes Marciales que si bien surgieron como métodos de autodefensa, con el tiempo se han enfocado al aspecto deportivo, en algunos casos descuidando las técnicas más efectivas en la defensa personal.

Lo más importante es que el practicante no se confunda en estos aspectos, la parte deportiva es muy importante para su formación, sin embargo no le garantiza su efectividad en un combate real, incluso lo puede llegar a limitar en la mayoría de las veces.

Sin importar el Estilo o Arte, es evidente que las técnicas empleadas en competencias, en su mayoría no son aplicables, no porque no sean efectivas sino porque de la forma que se enseñan no lograrían detener a un adversario en la calle.

Generalmente las técnicas más complejas y vistosas no son las que nos salvarán la vida a no ser que seamos Maestros experimentados y que sobretodo tengamos un absoluto control de nuestro cuerpo y mente. 

Por ejemplo, en una competencia resulta muy estético y da buenos puntos realizar patadas en salto con giro, pero ¿Qué ocurre en la calle cuando podemos errar al objetivo, perder el equilibrio, no golpear con la potencia o velocidad suficiente? Es más seguro apelar a técnicas sencillas y que se puedan encadenar con facilidad, no hay que tratar de impresionar a nadie, esa es una de las reglas básicas de la defensa personal.

Ahora inversamente, tampoco se puede aplicar técnicas extremas en una competencia, para eso existe un reglamento, hay jueces y una organización o federación que regula los torneos. Sin embargo ocurre a veces que competidores confunden el terreno y aplican técnicas prohibidas frente a un adversario que no es un atacante o enemigo.

Un buen entrenador debe no solamente preparar a sus competidores en la parte física y técnica sino además en la parte mental, ayudarlos a lograr autocontrol y conciencia de lo que es realmente una competencia.

Por otro lado, el instructor de defensa personal sin importar el Estilo tiene la obligación de conocer a sus alumnos y crear en ellos la conciencia de que las técnicas que aprenden pueden tener consecuencias letales y que aunque la situación puede llegar a ser extrema deben aplicar con sabiduría lo aprendido. Este es un aspecto fundamental para diferenciar a un auténtico instructor de autodefensa de alguien que no está preparado para semejante responsabilidad.

Confundir la realidad con la competencia o viceversa puede ser muy peligroso y más allá del tipo de entrenamiento o el Estilo lo que realmente importa es el valor de la vida humana, la nuestra y la de los demás, para saber bien lo que debemos hacer es que las Artes Marciales nos brindan la preparación adecuada y con la práctica continua y responsable las respuestas a nuestras preguntas llegarán solas. Este entrenamiento es el que diferencia a las Artes Marciales de la brutalidad de algunos sistemas creados con la única finalidad de asesinar salvajemente.

La sistematización, el honor, las reglas, el aspecto mental y valores del guerrero continúan vigentes hasta nuestros días y por eso el hombre civilizado ha logrado adaptar estas Artes milenarias que con la violencia que crece diariamente se hacen más necesarias que nunca.

Competir es muy bueno, forma parte de la naturaleza humana y nos ayuda a superarnos, a crecer y establecer nuevas metas, siempre y cuando asumamos que la verdadera competencia es con nosotros mismos, no hay enemigos solamente adversarios o compañeros que nos ayudan a detectar nuestros defectos, y conocerlos es lo más importante para corregirlos.

Por eso la competencia no es realidad, nuestra vida no depende de ella y debemos ser conscientes de ello. 


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